sábado, 8 de octubre de 2011

UN INDÍGENA QUIERE PUBLICAR UN LIBRO SOBRE LA MARCHA DEL TIPNIS

Caranavi (La Paz), 8 Oct. (ANF).- Con el rostro avejentado, las canas adquiridas con la edad y vestido como si fuese un joven, pero con 68 años encima, Don Antonio Soto, indígena canichano que participa de la marcha en defensa del TIPNIS, plasma día a día en un cuaderno sus impresiones y sucesos que se viven en la marcha y que son muy poco conocidos por la opinión pública.

Don Antonio quiere publicar su diario, que además contiene más de cien poemas y canciones que reflejan el cotidiano vivir de los indígenas en su recorrido a la ciudad de La Paz, una vez que termine la marcha, a fin de que la población boliviana pueda conocer las situaciones más difíciles y regocijantes por las que atravesaron los marchistas del TIPNIS.

“Quiero publicarlo y algún día se va a publicar. Pienso que se va a conseguir algunos recursos, mucha gente me prometió ayudarme después de la marcha para publicarlo, ponerlo en la internet, hacer un libro con todas las poesías”, declaró Don Antonio a la ANF.

Y es que su pasión por la escritura lo ha llevado a describir detalladamente los sucesos más importantes y sencillos de la marcha, entre ellos los recibimientos que tuvieron en algunas poblaciones y el trago amargo que padecieron en la intervención policial del pasado 25 de septiembre.

Don Antonio se apresura a responder las preguntas, porque tiene mucha sed de hablar sobre las vivencias de estos exactos 54 días de marcha.

“Veníamos de Santa Ana de Moseruna, con destino a San Borja (Beni): salimos a la una de la mañana y a las tres de la mañana había un ganado de unos ricos, y el ganado en vez de disparar para allá, se vino y atropelló la marcha, tumbando a varias personas y el damnificado fue un compañero al que socorrieron”, relató.

Ese mismo joven al que el toro embistió fue mordido por una serpiente a la llegada de la marcha a Vista Hermosa (Beni) y fue trasladado a un hospital de San Borja para que le salvaran la vida, dio a conocer Soto, quien viste unas zapatillas deportivas, una bermuda y una camisa a cuadros color amarilla con franjas blancas toda desabotonada. No le falta tampoco la gorra para protegerse del sol y sus lentes.

Un día, continuó recordando, cuando la columna se aprestaba a reiniciar la caminata, una mujer se “metió el cuchillo a la barriga”, provocándose una herida que luego fue curada por sus propios compañeros. “El cuchillo estaba sin mango cuando se subió a la camioneta”, dijo.

Sin duda los peores momentos de la marcha fueron la muerte de un menor de edad y la intervención policial, cuya responsabilidad Don Antonio no duda en atribuirla al presidente Evo Morales.

“En esa intervención nos robaron quintales de víveres, nos robaron machetes, nos robaron medicinas, carpas y todo eso, entonces yo denuncio esos atropellos”, dijo en un momento en que su actitud tranquila y apaciguadora se volvió desafiante pero también e impotente por el recuerdo de no haber podido hacer nada por sus compañeros que fueron maltratados, pues tuvo que esconderse en el monte para no sufrir la agresión por parte de los policías.

Pero no sólo lo trágico se encuentra descrito en su diario, Don Antonio se reanima cuando comenta que las cosas que más gozo provocaron en los marchistas fueron los recibimientos en las diversas poblaciones por las que atravesaron.

“Los mejores recibimientos fueron en San Borja, Rurrenabaque y aquí en Caranavi”, precisó Don Antonio, quien dice ser el tercer marchista más anciano de la movilización. Al mismo tiempo lamentó que en algunas poblaciones, como en San Ignacio de Moxos (Beni), se haya impedido el acceso de los marchistas al agua, la luz y los alimentos.

El indígena, quien le dedica más de una hora diaria a escribir su diario, reveló que es uno de los pocos que participó de las ocho marchas que se realizaron desde 1990, año en que se realizó la movilización por el territorio y la dignidad.

“Estuve también en la de 1996, cuando se consiguió la Ley INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria), en la del 2002, en la del 2004, en la del 2006, en la del 2008, la del 2010 y en ésta, la del TIPNIS”, enumeró el anciano , sin que en ningún momento le fallara la memoria.

Perteneciente a la etnia Canichana, ubicada en San Pedro Nuevo, a unos 60 kilómetros al norte de la ciudad de Trinidad (Beni), Don Antonio espera que algunas instituciones puedan ayudarlo con recursos económicos a publicar este y otros cuadernos que escribió en las anteriores siete marchas indígenas, en las que también se dio a la tarea de registrar el día a día de las protestas a las que le encontró un factor común, la tierra y el territorio.

“Nuestras movilizaciones siempre fueron por las tierras y por nuestro territorio, porque nunca ha habido una ley que diga que somos dueños de nuestras tierras”, agregó, minutos antes de ingresar a descansar a su carpa donada por algunos paceños, pues denunció que en la intervención los policías destruyeron la suya.

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